Investigan la muerte de miles de peces por un posible vertido

Investigan la muerte de miles de peces por un posible vertido

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IGNACIO CABANES VALENCIA El hedor que desprendían los cuerpos inertes de miles de peces, acumulados en las aguas estancadas del barranco de Catarroja, era apreciable desde la misma pista de Silla. Conductores, pescadores y las prostitutas de los alrededores notaban que algo olía mal, pero desconocían la procedencia de la pestilencia. El origen no era otro que toneladas de llisas muertas en este canal que comunica con l’Albufera. Las causas todavía se desconocen.


El Seprona de la Guardia Civil investiga la muerte de estos peces, cuya cifra podría alcanzar las 40.000 unidades, según las sacas de pescado recogido hasta el momento. De hecho, trabajadores de Tragsa llevan desde el lunes retirando peces muertos y al cierre de esta edición ya habían recogido unas tres toneladas de llisas.
Se barajan dos hipótesis como causa de la mortandad de estos animales. Por un lado, se sospecha que pueda tratarse de un vertido ilegal procedente de alguna fábrica próxima al barranco de Catarroja. Aunque por el otro, los investigadores no descartan que los peces, que proceden de l’Albufera, hallan muerto por falta de oxígeno.
Otra posibilidad que se baraja es que las aguas de este canal estén contaminadas por la descomposición orgánica de la paja del arroz de los campos próximos a l’Albufera, lo que ya causó la muerte de algunos peces en octubre del pasado año.
Guardias fluviales de la Confederación Hidrográfica detectaron los peces muertos hace un par de días bajo el puente de la Pista de Silla que pasa sobre el barranco de Catarroja. Los animales sin vida se extendían a lo largo de casi un kilómetro del canal que desemboca en l’Albufera. Así, todo apunta a que las llisas habrían remontado el cauce buscando agua con una temperatura más caliente.
Otros apuntan a que estos peces habrían dejado l’Albufera huyendo del cormorán. «Este ave buceadora, que está protegida, se alimenta de este tipo de pez y necesita comer entre dos y tres kilos de pescado vivo al día», argumentaba un pescador de la zona tratando de explicar cómo habrían llegado allí tantos ejemplares.
Agentes del Seprona tomaron ayer muestras del agua donde fueron hallados los peces para examinarla en un laboratorio y ver si contiene restos de alguna sustancia tóxica que confirmaría el posible vertido.

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